O Picón
La memoria remota y glacial de Gondwana
En las inmediaciones de O Picón, a más de cien metros sobre el nivel del mar, se encuentra el llamado ‘mejor banco del mundo’. Desde este mirador, hacia el este se divisa la Estaca de Bares, el punto más al norte de la península ibérica, y hacia el oeste, el cabo Ortegal. El banco se asienta sobre riolitas de 450 millones de años, rocas de tonos rosados que emergieron de un arco volcánico durante el Ordovícico. Su textura volcánica original aún es reconocible, lo que nos ayuda a identificar las erupciones de este antiguo margen continental.
A un kilómetro hacia el este, se encuentra la playa de O Picón, que contiene pizarras con cantos pertenecientes al dominio autóctono, llamado así porque sus rocas, a diferencia de los materiales alóctonos del Complejo de Cabo Ortegal, se formaron en esta misma localización. Lo más sorprendente de estas rocas es que nos narran un pasado glacial. Se trata de depósitos glaciomarinos formados en el período Ordovícico, hace unos 450 millones de años, en el margen de Gondwana. Contienen fragmentos de rocas transportados por icebergs en un océano primitivo. Las arcillas originarias de las que proceden las pizarras formaban parte de una cuenca sedimentaria en el margen de Gondwana. El continente estaba ocupado por un gran casquete glacial. Los icebergs desprendidos de este casquete contenían bloques de las rocas arrancadas en el fluir de los glaciares. La fusión del hielo a la deriva dejó caer bloques de rocas de tamaños muy variables sobre estas arcillas. Son los cantos caídos o drop stones que han convertido a estas pizarras en una formación de fama mundial, estudiada por numerosos especialistas. El frío Ordovícico parece persistir de alguna manera en esta playa de O Picón.
Como lugar de interés geológico, estas rocas son testigos excepcionales del vulcanismo paleozoico gallego, transformado más tarde por la orogenia Varisca. Al atardecer, cuando la luz dorada acaricia las riolitas, el contraste entre el color de la roca y el azul del mar crea un espectáculo que justifica la fama de este mirador.